Blecua disfruta de una situación privilegiada: suficientemente apartado de las grandes vías, evitando así las molestias que éstas originan, pero a la vez próximo a la carretera, que nos permitirá la comunicación con lugares de interés turístico, paisajístico, deportivo o comercial de primera magnitud.



Nos hallamos a escasos kilómetros de la Sierra de Guara cuyo imponente relieve protagoniza el paisaje. Lugares emblemáticos como el legendario Barranco de Mascún, el río Vero y sus espectaculares cañones, Vadiello y sus formaciones rocosas, hoy refugio relicto de importantes especies faunísticas, resultan accesibles al visitante en cómodos desplazamientos en automóvil. Pero quien prefiera valerse de medios más deportivos puede acercarse a ellos en bicicleta siguiendo tranquilas carreteras o caminos escasamente transitados.



Caminos con usos agropecuarios nos permitirán recorrer los alrededores del pueblo y descubrir desde cualquier otero la íntima serenidad de un atardecer en el Somontano de Guara. La montana orografía de estas tierras aporta sin duda valores propios a un paisaje de enorme magnitud.

La oferta deportiva puede completarse también con las amplias posibilidades del Parque de Guara: senderismo, escalada, BTT, descenso de barrancos. No hay que olvidar la proximidad del aeródromo de Monflorite donde los amantes de la adrenalina pueden practicar paracaidismo y distintas modalidades de vuelo.



Quienes buscan en el Arte el solaz del espíritu encontrarán por estos alrededores un bien nutrido conjunto de posibilidades. Los primeros pobladores ya dejaron su impronta desde épocas tan remotas como el Paleolítico. Hoy podemos encontrar importantes muestras de arte rupestre en lugares recónditos de la vecina sierra.


Monasterios como el Pueyo de Barbastro o Nuestra Señora de la Gloria en Casbas, con importantes valores arquitectónicos y culturales, todavía acogen tras sus recios muros almas ansiosas de espiritualidad y retiro. San Miguel de Foces en Ibieca es un templo de la oscura época de transición entre el gótico y el románico, joya de la arquitectura religiosa que merece desde luego una visita. Y sólo por citar algunos de los lugares más significativos entre los incontables lugares, ermitas, palacios, castillos, que salpican las aterciopeladas laderas del Somontano.



Mención aparte requiere el conjunto arquitectónico de Alquézar, villa singular de inexcusable visita a unos treinta minutos de entretenido recorrido en automóvil. Todo en Alquézar despierta los sentidos. El ambiente de sus estrechas callejas nos transporta a épocas remotas, el paisaje, agreste como pocos, parece ideado para realzar la altiva inaccesibilidad de su Colegiata, fortaleza que hoy sólo debe proteger un legado artístico de incalculable valor. Y luego, para reponerse del esfuerzo que exigen sus empinados accesos, una oferta gastronómica sin parangón donde abandonarse a los placeres de la recia cocina aragonesa y los celebrados caldos del Somontano.



Aunque en otro orden de distancias, no quedan lejos la mayoría de los más significados enclaves turísticos de la provincia de Huesca. Loarre y su Castillo, junto con los Mallos de Riglos y San Juan de la Peña; el Parque Nacional de Ordesa y Mte. Perdido; los valles de Benasque o Gistau; la Ruta artística del Serrablo; Torreciudad, insigne monasterio dedicado a la Virgen de Torreciudad, sobre la roca que circunda el pantano de El Grado, obra y centro de peregrinación del Opus Dei. Sólo unos pocos ejemplos de un sinfín de destinos muy sugerentes para ocupar un día de excursión.


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