Existen en el mercado las llamadas calderas convencionales y los nuevos modelos de condensación. Y las actuaciones están claramente a favor de la caldera de condensación que, según Ademe, permitiría generar un 20% de ahorro en comparación con una caldera convencional. “Con una caldera convencional”, explica Elisabeth Trocard, “un quemador calienta el agua entre 70 y 90 grados, que luego pasa por los radiadores que transmiten el calor. Más costosa de comprar – cuesta 3.000 euros, sin ayuda estatal – la caldera de condensación calienta el agua a 50-55° grados (con radiadores adaptados) pero también reutiliza el calor producido por los humos de la combustión, lo que no hace la caldera convencional, generando así un ahorro adicional y un menor uso de gas”. En resumen, para funcionar, la caldera de condensación recupera el vapor de agua presente en los humos de la combustión para calentar el agua de retorno de los radiadores que llegan a la caldera.